...on-line...
Así la conocí... Online, en un blog que estos días duda (o no) entre seguir (o no). Qué pena! Aunque me alegra que haya encontrado otras maneras de comunicación consigo mismo, con los demás. Seguro que el resultado de ese blog un día colgará en algún lugar donde todos podamos seguir admirando la obra. Por cierto, por si te sigues pasando por aquí, gracias por este descubrimiento, también.
Pues sí, así la conocí, en un blog. Como este. Y ahora, después de ir y venir, de venir e ir agropecuariamente, se me hace raro el día en que no sé de ella. Eso es amistad. Me parece, cuando intercambiamos opiniones o, simplemente nos dedicamos al cotilleo que al hablar con ella, estoy hablando conmigo misma, y no es que no me pase con las demás, no es que no tenga buenas amigas. Las tengo (pocas pero buenas), las tenía de antes, pero con ella comparto algo que con las demás no, con las demás comparto cosas que con ella no, pero eso que comparto con ella la hace única en su clase.
Además tiene esas "derias" tan mías que a veces la miro y me asusto de lo que me reconozco hasta en sus gestos... Aunque yo sea rubia y ella morena. Y empiezo a creer cada vez más en el destino que me pone gente buena, muy buena, en mi camino que me reta a ser mejor. Aprender de ella es un poema japonés. Sin sushi, con relojes de cuco e incluso a veces rodeada, también, de papel de burbujita.
Ahora está aquí, ojalá y sea para siempre, ojalá y esta ciudad le ofrezca lo que busca, ojalá y no la dejemos escapar, porque es de las buenas... De las que hará historia (del arte).
Sabes que te lo digo aquí porque sé que lo leerás, y sabes, que como tú, no soy buena en los discursos de aprecio facetoface. Dear, me encantas.